La Obra Maestra de Oesterheld y Breccia para Misterix

Edición original: Misterix ARG (1962-1964) #718-798, Editorial Yago
Publicación: Mort Cinder, línea Trazado, Planeta DeAgostini 2002 (Descatalogado)
Guión: H. G. Oesterheld   
Dibujo: Alberto Breccia
Formato: Cartoné, 224 páginas
Precio: Descatalogado (18€)

 

 

 

 

 

Sinopsis

En 1962, Héctor Germán Oesterheld (El Eternauta, Sargento Kirk) y Alberto Breccia (Los mitos de Cthulhu, Perramus), quienes se encontraban en el cenit de su creatividad, dieron luz a Mort Cinder, un personaje que, en palabras de su guionista “es la muerte que no termina de serlo. Un héroe que muere y que resucita.” Con este planteamiento base, Mort Cinder, la serie, se convirtió en una obra maestra indiscutible en la que, otra vez en boca de Oesterheld, “el dibujo de Breccia tiene una cuarta dimensión de sugestión que lo aparta de los demás dibujos que conozco: esta sugestión inacabable lo valoriza y suscita ideas en el guionista”. En la obra, Mort Cinder y el anticuario Ezra Winston sirven como barco que nos guía a través de 10 historias muy diferentes, con numerosas interpretaciones posteriores.

Opinión

Antes que nada, avisar que hablaré de la obra a grandes rasgos para respetar el formato de las reseñas, pero esta historieta necesita y merece mucho más. Como extensión, hemos publicado un análisis más profundo y exaustivo aquí mismo, en ComicOff.es. ¡Muchas gracias!

Mort Cinder es un cómic especial: fue realizado el momento más álgido de la carrera de sus autores a nivel artístico, no así comercialmente. Y eso es porque la Editorial Frontera, la cual había fundado Héctor Germán Oesterheld junto a su hermano, había quebrado. Pero Oesterheld estaba a rebosar de ideas, a rebosar de poesía, a rebosar de historieta. Así que se juntó con su viejo colaborador Alberto Breccia para realizar una historia para la revista Misterix, de la Editorial Abril, venida a Editorial Yago por ese entonces. Mort Cinder pasó desapercibido en su época, pero con el tiempo se ha redescubierto y ha sido situado como un clásico de la historieta argentina y mundial.

¿Qué nos va a contar Mort Cinder? El concepto es maravilloso, aunque parte de algo que no es nuevo (ni si quiera en los años 60). Tenemos a Mort Cinder, el ahorcado, el hombre de las mil y una muertes. Un personaje que cuando muere vuelve a la vida, y que parece nunca envejecer. En su más reciente resurrección, es ayudado por Ezra Winston, un anticuario de Chelsea. Es esta relación entre Mort, Ezra y las antigüedades la que construye el relato.

La obra se publicaba originalmente en entregas de 3 páginas en la revista Misterix, aunque normalmente se la divide en 10 arcos argumentales. Los dos primeros tienen a Erza como protagonista, y en el resto se intercambian los papeles. Es precisamente esta segunda parte la verdaderamente fuerte de la obra.

Me explico: Ezra Winston, anticuario Los ojos de plomo (la más externa de todas) son los dos primeros arcos, que sirven de presentación. Los ojos de plomo, la saga de los Ojos de plomo, se intuye la que iba a ser la trama troncal en un inicio, y tiene muchas similitudes con El Eternauta, una obra anterior de Oesterheld. Por ejemplo, la trama de un ser que controla contra su voluntad a otros y se cuestiona si él también está siendo manipulado, representada por Los Manos en El Eternauta y por el Profesor Angus en Mort Cinder.

Llama la atención también lo parecido del diseño de ambos.

Pero superada esta historia, poco original aunque muy entretenida y bien escrita, Oesterheld parece darse cuenta del potencial de Mort Cinder y de Mort Cinder. El ahorcado se instala junto al anticuario en su casa, y, a través de objetos, recortes de periódicos o sucesos, Mort nos transporta en tiempo y espacio. Gracias a esto, el resultado final es una historieta con gran dosis de aventuras y sin perder la carga política que caracteriza a los guiones de Oesterheld. Y lo mejor, llena de géneros y ambientaciones distintas: Tenemos una conflicto épico en La Batalla de las Termópilas, ciencia ficción en La tumba de Lisis, y también thriller en ambas partes de En la penitenciería. Y nunca se pierde el hilo conductor, lo que convierte a Mort Cinder casi en una antología. 

Antes de pasar al dibujo, me gustaría mencionar el atractivo de Mort como personaje. Él no es un héroe. En la mayoría de sus recuerdos es sólo un espectador, y eso refuerza aún más el misterio que hay sobre él. No sabemos quién ni qué es. No sabemos desde cuándo vive. Son esas incógnitas siempre presentes y su actitud de vivir como si fuera uno más sin aprovecharse de su condición las que hacen de Mort Cinder uno de los personajes más interesantes de toda la historieta argentina y mundial.

Viñeta de La Batalla de las Termópilas

A cargo del arte tenemos a un inmenso Alberto Breccia. Nació en Uruguay en 1919, pero desarrolló toda su carrera en Argentina y Europa, y se ha caracterizado por una evolución pasmosa desde sus inicios. Comenzó en revistas menores con un estilo puramente monigotero, y luego pasó por Vito Nervio, de corte algo más realista. Pero Breccia era un gran artista, y su gran amigo Hugo Pratt se lo hizo saber: “Vos sos una puta barata, porque estás haciendo mierda pudiendo hacer algo mejor”. Como si se tratase de palabras mágicas, la técnica de Breccia explotó.

Maestro de la tinta en blanco y negro, Breccia alcanzó su cénit en Mort Cinder. Tenía un dominio del clima, la psicología de los personajes y la narración, entre otros aspectos, que le merece el título de uno de los mejores dibujantes de la historia. Evolucionó hacia el expresionismo, y experimentó con la técnica. Totalmente adelantado a su tiempo (estamos hablando de los años 60) utilizaba sellos caseros, cuchillas, pinceles y plumas. También sabía colocar la témpera blanca como nadie. Fue profesor, y a sus alumnos les decía que había que pintar con el blanco. El blanco es expresivo, y el negro lo rodea. Imprescindible para el dibujo de blanco y negro. Y nadie lo dominaba como él.

Por último, remarcar su versatilidad. Sólo hace falta ver la cantidad de ambientaciones y géneros que tiene este, un sólo cómic, para darse cuenta que no cualquiera podría haberle hecho frente.

Por desgracia, la historieta latinoamericana nunca ha sido tan mainstream como el cómic americano, el manga o el europeo, así que a menudo se pasa por alto. Su situación les incita a venir a Europa, como hicieron Alejandro Jodorowsky, Hugo Pratt o Alberto Breccia, pero allí, la historieta es un arte de primera categoría y su calidad le corresponde. Un arte de las clases populares, utilizado popularmente como protesta a las distintas situaciones por las que ha pasado el continente. El Eternauta ha sido libro de lectura obligatoria en las escuelas de Argentina. Que se haya prohibido de nuevo sólo empuja a los historietistas a alzar más su voz y sus lápices, y desde Europa les apoyamos leyendo y difundiendo su obra. Esto es una apología a la historieta latinoamericana.