Siempre habrá fascistas que matar, Konstantin.

Edición original: Cette machine tue les fascistes FRA (2016) Éditions Delcourt
Publicación: Esta máquina mata fascistas. Norma Editorial
Guión: Jean-Pierre Pécau
Dibujo: Senad Mavric y Demian
Color: Scarlett Smulkowski
Formato: Cartoné, 88 páginas, color
Precio: 19,50€

 

 

 

 

Sinopsis

El Iósif Stalin-2 o «IS-2» fue considerado el mejor carro de combate de la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos participará en los mayores conflictos del siglo XX. Este tanque, bautizado como “Esta máquina mata fascistas”, estará presente desde la infernal batalla de Seelow hasta el desembarco de Bahía de Cochinos en Cuba, desde las luchas callejeras en Berlín y Budapest hasta las guerras civiles africanas o Afganistán. Esta máquina va a resistir a cincuenta años de combate, aplastando a sus tripulantes y persiguiendo a su diseñador…

 

Opinión

Tanto como los autores como el ingeniero de tanques se basaron en el mensaje que escribió en su guitarra Woody Guthrie (1912-1967), cantautor comunista estadounidense. Aún así, la versión del cómic es bastante más literal. 

Esta máquina mata fascistas no es un álbum francés sobre tanques. Va sobre un tanque. El IS-2 nº 101, el número 500 fabricado por su creador, el experto ingeniero de tanques soviético Seguéi Suvarov. Lo construyó con muchísimo cariño, seleccionando personalmente todas las placas de metal. En él, grabará el mensaje “Esta máquina mata fascistas”, para que éste resuelva la cuenta pendiente que tiene.

A partir de aquí, seguiremos durante décadas al tanque y conoceremos las historias de sus tripulantes y su contexto. Los autores se inspiraron (el propio Pécau lo explica en los extras del tomo) en la película Winchester 73, de Anthony Mann, dónde se cuenta la historia de un rifle que pasa de mano a mano. Otro ejemplo de esta interesante tipología de historia es la película del 1998 dirigida por François Girard, El Violín Rojo.

El tanque irá pasando por diferentes conflictos históricos contra el fascismo. El último destino (con el que abre el tebeo) es Afganistán. Este caso es diferente, porque también es real: Hasta ahora nadie sabe cómo, pero los talibanes se hicieron con un IS-2 y lo subieron a 3000m de altura como trampa para los soldados americanos.

Primera página de Cette machine tue les fascistes

Pero esta no es solo la historia de los conflictos bélicos del s.XX a través de un tanque. Es una historia de amor y de obsesión, pero algo distinto a lo que estamos acostumbrados. Se trata del amor que siente el ingeniero por su máquina. Seguéi Suvarov hará todo lo posible para seguir al carro de combate allá dónde vaya para cuidar de él. Y esto es a raíz de una pérdida en su pasado, por lo que se convierte también en una historia tremendamente humana.

En general, Esta máquina mata fascistas es un álbum muy interesante en todos sus aspectos. Pero también promete mucho en un inicio, y sus escasas 80 páginas te dejan con una horrible sensación de querer más. Se centra demasiado en su papel inicial durante la toma de Alemania y dejan el resto de destinos como algo anecdótico. Por ello, engancha mucho, sobretodo si te interesa la historia, y por eso mismo yo me lo leí de una sentada. Al final, se queda como algo interesante, pero que no llega a marcar por su escasa duración.

Fábrica Octubre Rojo, en Tankogrado (literalmente, la ciudad de los tanques)

Otra cosa interesante de este cómic es su increíble documentación. Todos los nombres, cargos, fechas, trajes, carros de combate, armas, sucesos… están perfectamente implementados, y eso da gusto. Sobretodo, como ya veníamos viendo en algunos álbumes europeos de aviones, los autores estudiaron mucho la mecánica del tanque protagonista. De hecho, en los extras vienen unos cuantos dibujos diseccionando sus partes, su balística, y algunas cosas más.

Es a causa de su gran trabajo de investigación el porqué no comete los errores que comenté en esta web hace poco. En mi reseña de Divinity II hablaba de cómo obras como la misma e Hijo Rojo, ambas americanas, caían en clichés y tropos falsos y manidos sobre la URSS y otras potencias comunistas (fruto, supongo, de la educación a la que han sido sometidos en los Estados Unidos). A pesar de que Pécau, el guionista, se muestra en los diversos escritos que hay antes y después del cómic claramente anti-soviético, eso no influye a la hora de contar su historia, que aún escondiendo criticas al sistema excesivamente burocratizado que existió en la Unión después de la muerte de Stalin, ha sido justa con la historia. Y eso, comunistas o no, pro-soviéticos o no, no gusta a todos.

En el apartado artístico tenemos a un dúo de dibujantes, Mavric y Damien, y a una colorista, Scarlett. El detalle (y la documentación, como ya dije) resulta en un álbum muy interesante visualmente, que hará las delicias de todo fan de las buenas máquinas. También mención especial a los fondos (muy completos) y a unos perfiles faciales un poco raros a veces. Quitando eso último, en general presenta un acabado muy satisfactorio. No innova demasiado, pero deja un buen sabor de boca.