Thanos, el Darth Vader de esta generación

Título original: Avengers: Infinity War
Año: 2018
Duración: 148 min
País: Estados Unidos
Directores: Anthony y Joe Russo
Guión: Christopher Markus y Stephen McFeely
Música: Alan Silvestri
Reparto: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Chris Evans, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch, Tom Holland, Chadwick Boseman, Elizabeth Olsen, etc.
Productora: Marvel Studios

Como suele decirse, las cosas bien hechas llevan su tiempo. Diez años y dieciocho películas: eso es lo que ha tardado Marvel Studios en preparar la llegada de Thanos. Sin embargo, Vengadores: Infinity War es la prueba indiscutible de que cada minuto de la espera ha valido la pena. Se trata del culmen del Universo Cinematográfico de Marvel, es el fin de una era y el principio de otra, un destino que no hubiera sido posible sin la admirable labor de Kevin Feige y su equipo, quienes, allá por 2011, echaron mano de las Gemas del Infinito y una capacidad de anticipación proverbial para, poco a poco, ir orquestando el rumbo hacia este mastodóntico y premeditado desenlace. Y aunque las comparaciones son odiosas, resulta inevitable no sacar a colación la fallida hasta más no poder Liga de la Justicia de DC: por un lado, porque ejemplifica a la perfección lo que conllevan las prisas, y, por otro, porque es la oposición por antonomasia del proceder profesional que caracteriza a Marvel. Agradezcamos, pues, que en este caso haya prevalecido la pulcritud; ¡de otro modo, no hubiésemos podido proclamar que el cine de superhéroes está de enhorabuena!

En Vengadores: Infinity War, los héroes más poderosos de la Tierra contarán con la ayuda de los Guardianes de la Galaxia para detener a Thanos, un genocida originario del planeta Titán que intenta reunir las Gemas del Infinito para aniquilar a la mitad de la población y, de esa manera, devolver el equilibrio al universo.

¡Oh, yeah!

Aun cuando la franquicia vengadora y el éxito en taquilla suelen correr parejas, llevar a buen puerto esta tercera entrega no ha debido de ser una tarea sencilla. Más de cuarenta personajes, seis Gemas del Infinito desperdigadas por el cosmos, varios frentes argumentales y, por si fuera poco, la responsabilidad de presentar, desarrollar y ensalzar a uno de los villanos más feroces y temibles de todos los tiempos. Visto así, puede parecer cosa de magos (o de Hechiceros Supremos) que Marvel haya sido capaz de hacer que semejante coloso funcione. Pero en cuanto echamos un vistazo al equipo de héroes que hay tras las cámaras, se hace evidente que esta victoria no necesariamente responde a cuestiones de suerte o azar. La dirección corre a cargo de los hermanos Russo, a quienes debemos dos de las películas más plausibles del UCM: Capitán América: El soldado de invierno y su secuela, Civil War.

En Infinity War, los Russo mantienen todas las fortalezas de su anterior filmografía y corrigen, en mi opinión, algunas de sus carencias más pronunciadas. Por ejemplo, la falta de color, presente tanto en El soldado de invierno como en Civil War, se reduce drásticamente en esta ocasión; aquí el cromatismo se asemeja mucho más a la paleta saturada que usa James Gunn para sus Guardianes de la Galaxia. También se aprecia una notable mejoría con respecto a la fotografía, la cual brinda algún que otro momento de verdadera narración visual. Las secuencias de acción, por otra parte, siguen siendo todo un espectáculo para la retina, y, sin duda, el punto fuerte de las películas de Marvel en general y de Infinity War en particular. Huelga decir, pues, que los Russo han sabido dar forma a un apartado técnico esplendoroso que roza el sobresaliente.

La batalla a lo Peter Jackson de Marvel.

Pero, por fortuna, ésa no es la única virtud de la que puede presumir la nueva cinta de los Vengadores. El guión de Christopher Markus y Stephen McFeely tampoco se queda atrás. Lejos de eso, alcanza la consecución de una meta que todos estimábamos de lo más improbable: que el ingente número de personajes que aparecen en la película no redunde en un argumento caótico o reduzca la participación de algunos héroes a meros cameos. Por el contrario, Markus y McFeely abren varios frentes argumentales donde dan cabida a todos y cada uno de ellos, otorgándoles el protagonismo que merecen. Asimismo, se trata de la película que mejor retrata hasta la fecha la estructura narrativa de un evento de cómic; para cualquiera que tenga un mínimo bagaje “tebeístico”, ver Infinity War será como leer una historieta recién salida de la Casa de las Ideas.

Sin embargo, a pesar de todos estos aciertos, el guión no es perfecto. A tenor de la fea costumbre que ha adoptado Marvel últimamente, sigue habiendo horrorosas, prolongadas y extenuantes escenas de insufrible humor fuera de tono. En Infinity War, estos momentos resultan especialmente fastidiosos; sobre todo, porque hay otros donde el humor sí está bien implementado y funciona de maravilla: aquéllos en los que las risas, en vez de meterse con calzador, vienen dadas por el carácter de los personajes. Iron Man, Spiderman, Drax, Star-Lord… Graciosillos hay de sobra, y talento también. Por ello, no comprendo qué insta a Marvel a seguir sacrificando el efecto dramático de sus películas en aras de chistes fáciles y estridentes con escasa probabilidad de lograr su cometido. En ocasiones así, no dejo de preguntarme dónde quedó el inteligente humor del Iron Man de Favreau o Los Vengadores de Whedon…

El nivel de detalle del CGI de Thanos es para quitarse el sombrero.

En lo referente a las actuaciones, existe una gran heterogeneidad dentro del reparto. Por un lado, ha habido actuaciones, como la de Mark Ruffalo, que se notan muy poco inspiradas. Por otro lado, las estrellas del calibre de Robert Downey Jr. o Benedict Cumberbatch no han perdido ni un ápice de su característica magia interpretativa. Pero, definitivamente, si a alguien hemos de señalar con el dedo para, acto seguido, cogerle en peso y mantearle, ése es Josh Brolin. El actor que da vida al Titán Loco hace una labor inconmensurable bajo el también impecable CGI que le provee de su purpúrea faz. Si 2017 fue el año en el que alabamos a Andy Serkis por su interpretación como César en La guerra del planeta de los simios, 2018 lo recordaremos como el año en el que Thanos fue llevado a la gran pantalla por el actor que elevaría su nombre a la enésima potencia: el portentoso Josh Brolin.

Y llegamos así al quid de la cuestión, al protagonista absoluto de Vengadores: Infinity War… a Thanos, el mejor villano que haya concebido Marvel jamás. Pero… ¿tan sólo es el mejor villano del UCM? Ciertamente, podría haberse quedado en eso. De hecho, no es un mal título, y apuesto a que muchos se habrían complacido con ese simple tributo al personaje de los cómics. Pero no. Ya sea por el trabajo de los Russo, por la historia que han construido para él los guionistas, por los años que ha pasado la compañía allanando el camino para su llegada o por la gracia del mismísimo Odín, Thanos es muchísimo más que un malo de Marvel. Su filosofía compleja, sus motivaciones, su inflexible convicción de que el fin justifica los medios y el hecho de que se puede empatizar con él porque ¡sí, tiene escrúpulos! hacen de él un antagonista interesante, aterrador y a la vez… entrañable. Para mí, no cabe duda de que Thanos acabará convirtiéndose en el Darth Vader de esta generación. Por tanto, me es imposible terminar esta crítica de otra forma que no sea diciendo…

Bienvenido, señor Thanos, a los anales de la historia.