Esquivando la extinción, huyendo de la monotonía

Título original: Jurassic World: Fallen Kingdom
Año: 2018
Duración: 128 min
País: Estados Unidos
Director: J. A. Bayona
Guión: Colin Trevorrow y Derek Connolly
Música: Michael Giacchino
Reparto: Chris Pratt, Jeff Goldblum, Bryce Dallas Howard, B. D. Wong, Justice Smith, Daniella Pineda, Isabella Sermon, Geraldine Chaplin, James Cromwell
Productoras: Universal Pictures, Amblin Entertainment, The Kennedy/Marshall Company y Legendary Pictures

Fenómeno de plena vigencia, el cine está repleto de universos cinematográficos; y, de entre ellos, el mundo jurásico de Steven Spielberg es uno de los más aclamados por el público. Presenta, eso sí, una serie de limitaciones que el devenir de la franquicia no ha hecho sino remarcar, y es que, en comparación con otras sagas como Star Wars o Harry Potter, el universo de Parque Jurásico no ofrece tantas posibilidades narrativas. Sus películas, con frecuencia, incurren en las mismas estructuras y giros de guión, y tratan de sorprendernos con nudos y encrucijadas que a estas alturas nos son del todo conocidos. Cabe preguntarse, pues, por qué veinticinco años más tarde seguimos demandando más de lo mismo. La respuesta no entraña ningún misterio: porque cada nueva entrega de la saga jurásica nos reúne otra vez con los dinosaurios, esas bestias del Mesozoico que, pese a ser feroces y letales, no podemos dejar de considerar hermosas y fascinantes. En esta ocasión, el español Juan Antonio Bayona (El orfanato, Un monstruo viene a verme) se adentra, cámara en mano, en las selvas de la peligrosa Isla Nublar. ¿Conseguirá su dirección poner rumbo a la originalidad que la franquicia necesita? Descubrámoslo.

Tres años después de la carnicería que asoló el parque temático de Jurassic World, Claire (Bryce Dallas Howard) y Owen (Chris Pratt) se embarcarán en una misión de rescate de los dinosaurios que aún pueblan la abandonada isla, pues la inminente erupción de un volcán amenaza con acarrear la extinción de la especie. Entretanto, algo maligno, de nombre Indorraptor, medra en los sótanos de la mansión de Benjamin Lockwood (James Cromwell), el antiguo socio de John Hammond…

El mal rollo en una imagen.

Uno de los mayores interrogantes que planteaba esta entrega era el de si una superproducción de tamañas dimensiones permitiría que la mano de Bayona se hiciese notar en el film; sobre todo, teniendo en cuenta que el director recogió un encargo cuyo guión estaba cerrado de antemano. Para los espectadores españoles, conocedores de las proezas de las que es capaz el realizador, esta cuestión adquiría especial relevancia. Las propias declaraciones de Bayona al concebir la obra como “una colaboración entre cineastas” más que como un proyecto personal no resultaban demasiado alentadoras a este respecto. Afortunadamente, El reino caído posee el sello de su hacedor, y si bien puede que no se trate de una película personal, sí es, definitivamente, una película personalizada: el guión cuenta con un considerable número de elementos característicos de su filmografía, y Bayona, ojo avizor, los intercepta para sacarles el máximo partido. Así, la secuela de Jurassic World alberga los que son, a mi parecer, los tres ingredientes básicos de las películas del director: niños, emotividad y terror.

El primero de ellos viene dado por la nieta de Benjamin Lockwood, Maisie (Isabella Sermon), que brinda un personaje interesante y con un rol decisivo para el desarrollo de los acontecimientos. Por otro lado, de todos es sabido que J. A. Bayona es un maestro de la lágrima cinematográfica, por lo que era de esperar que en El reino caído nos encontráramos con unos dinosaurios algo diferentes a los de las anteriores entregas: aquí, estos monstruos primigenios no son tales, sino seres vivos con corazón puestos en jaque por la cabezonería de los humanos. Resulta alucinante cómo, por momentos, se nos hace más sencillo empatizar con estos gigantes del Jurásico que con nuestros congéneres directos. Y, finalmente, por lo que respecta al terror, baste con decir que la segunda mitad de la historia transcurre en los interiores del fantasmagórico caserón Lockwood, con los truenos y el repiqueteo de una oportuna tormenta como música de fondo.

Orfanato jurásico.

Dediquemos unas líneas más en relación con este último punto, que constituye uno de los ejes fundamentales de la cinta. Ya desde el inicio, Bayona nos acongoja con un brutal prólogo en el que deja muy claro con qué clase de terror pretende estimularnos: ni más ni menos que con diabólicas inyecciones de tensión. De este modo, el director diseña escenas que hacen que pasemos la mayor parte de la película con las uñas clavadas en el asiento. En la mansión Lockwood, este suspense se vuelve superlativo: lluvia, sombras, pasillos, cortinas mecidas por el viento… Llegado este momento, Bayona trabaja ya desde su zona de confort, y Jurassic World: El reino caído se convierte en una inquietante cinta de terror gótico.

Todos estos aspectos ponen de relieve que el realizador, bienintencionado, intenta huir de la monotonía con el mismo ímpetu que sus dinosaurios escapan de la lava; sin embargo, estos cambios de entorno, aunque curiosos en lo visual, no posibilitan el nivel de innovación que pide a gritos la franquicia. Si a eso le sumamos un villano fruto de la ingeniería genética que ya no cuenta con la baza de la novedad de su predecesor, el Indóminus rex, el resultado es la tan rehuida sensación de monotonía, más achacable al guión de Colin Trevorrow y Derek Connolly que a la labor de dirección de Bayona, atenuante de muchos de estos déficits.

‘El reino caído’ ahonda en la relación entre Owen y la velocirraptor Blue.

La balanza tampoco se inclina a favor de El reino caído en lo tocante a los personajes. Jurassic World, en comparación, podía presumir de un repertorio mucho más carismático y cercano al de Parque Jurásico, donde cada personaje recibía y recorría un arco argumental sugestivo que le permitía dejar huella en la conciencia del espectador. Por el contrario, El reino caído adolece de personajes cliché por los que cuesta sentir interés alguno. De esta condición se salvan, por suerte, sus dos protagonistas, Claire y Owen, a quienes parece que el guión ha tratado con más benevolencia, proveyéndolos de un desarrollo digno, coherente y enriquecedor.

De igual modo, tengo la impresión de no haber podido disfrutar de otro de los elementos más destacados de la saga, su único protagonista imperecedero: la banda sonora, que en este caso, aun teniendo al eminente Michael Giacchino a su cargo, brilla por su ausencia.

En suma, El reino caído no despunta con la fuerza de la inaugural Jurassic World ni nos transmite la misma sensación de (quizá engañoso) frescor con que Trevorrow había revestido el comienzo de su nueva trilogía jurásica. En compensación, nos encontramos con una película sumamente entretenida que nos mantendrá pegados a la pantalla gracias a su ritmo trepidante y a la dirección entregada de J. A. Bayona. ¡Tres hurras por el barcelonés que salvó a los dinosaurios!