For we who grew up tall and proud, In the shadow of the mushroom cloud

Si hay algo que odio es el drama bélico, o en general cualquier historia con soldados. Son como el western, que les gustan a todos menos a mí; pero veo por qué gustan. Gran drama humano, muchas explosiones, acción, camaradería, testosterona, los límites de la moralidad del ser humano, racismo, traumas postguerra… Todas esas cosas divertidas de los Call of Duty cada año.

Las películas como “Salvar al soldado Ryan”, “corazones de acero”, “la chaqueta metálica”, “El cazador”, o  “Apocalypse now” nunca me han atraído. Independientemente de si eran cintas contra los crímenes de guerra, propaganda americana bélica, o un drama humano; no es un género que me atrajese. En todas el soldado era el protagonista, una figura que particularmente no me gusta principalmente por el uso de armas de fuego. Magia, espadas, lasers, tollinas… Todo eso muy bien, pero nunca le he visto el atractivo a las armas. Así que cualquier película militar la omito directamente porque asumo que el uso de las armas lleva a la resolución de los conflictos. Quizá por eso los spaguetti western tampoco los soporte demasiado.

La historia de hoy plantea la guerra como un documental. Habla de la guerra del Líbano bajo el punto de vista de unos críos haciendo de soldados rasos en una guerra que ni ellos entendían bien. Diferentes vivencias chocan para explicar lo que en esencia fue un genocidio.

 

Memorias de Líbano

La historia de esta película trata de la matanza de refugiados palestinos durante la guerra de Líbano. Está narrada a modo de documental, muy personal con alucinaciones de soldados que participaron en distintos destacamentos. Todos con sus anécdotas, su visión e incapaces de comprender la magnitud de sus acciones donde ni ellos tenían claro lo que hacían.
La historia comienza con el protagonista Ari hablando con un amigo que también participó en la guerra del Líbano. Este le habla sobre un sueño recurrente que ha tenido relacionado con un suceso de la guerra. La charla despierta en Ari visiones sobre la guerra, que intentará completar con el testimonio de soldados conocidos del conflicto.

El estilo narrativo de esta película aprovecha la visión personal de los soldados, así como del protagonista, para saltar entre varios estilos de narración. A veces será un estilo documental, otras soliloquios mezclados con imágenes surrealistas, momentos también más propios de reportajes de guerra, etc. En especial el surrealismo llena los vacíos entre testimonios.
Resulta refrescante el salto entre testimonios o los recuerdos del propio protagonista. Hace más llevadera la trama. Los recuerdos son algo que viene y va, como en el film.

 

Gorillaz soldiers

La presentación de Vals con Bashir es genuinamente única. Una mezcla de animación flash, animación tradicional y 3d con el negro siempre presente (siluetas, sombras muy exageradas, contorno de personajes marcado, etc.). El único producto similar que se me viene a la cabeza son algunos videoclips musicales como los del grupo Gorillaz (o alguno de Linkin Park). E incluso esa comparación no hace justicia a la animación. Un proyecto muy experimental.
Según parece la película fue rodada en un estudio, para luego ser adaptada a storyboards (cerca de 2.000). Dichos storyboards fueron la base para la construcción de todo este proyecto de animación experimental. Situaciones como la acampada en la playa o el paseo por las ciudades se asemejan a videoclips musicales.

Sin duda el trabajo cinematográfico se aprecia en el esfuerzo por hacer de cada escena bien construida. Un ejemplo es la primera escena introduciendo un perro salvaje saliendo de un callejón con cara de poseído. A cada nuevo plano en la escena, un nuevo perro se une hasta formar una jauría que crece exponencialmente. Con cada cambio de plano se revela más información además de mostrar a los miembros de la jauría. Este es un ejemplo de lo cuidada que está la dirección, ofreciendo instantáneas propias de un reportaje de guerra. Si a ello le añadimos el surrealismo que rellena los vacíos en la mente de los protagonistas, la espectacularidad visual aumenta.

Mi gran problema en cambio justamente es la representación de las personas. Los dibujos casi deshumanizan a los soldados protagonistas con sus miradas perdidas. El dibujo daría para un estupendo cómic. Pictóricamente el resultado impacta con las grandes escenas que arroja la animación, pero los momentos más calmados como los primeros planos en las entrevistas… Ahí es donde personalmente se aprecia mejor el problema con estos soldados.

Excursión al campo de batalla

Si tuviese que destacar una cosa por encima de todo es lo que me ha vendido este documental bélico, el tratamiento de los soldados. El cine acostumbra a poner cara y personalidad a los protagonistas del conflicto, un pelotón carismático al que acompañar. La única excepción quizá sería Malditos bastardos, pero Tarantino imbuye de carisma hasta a una patata cocida.

Ningún personaje en esta película no tienen rasgos distintivos, salvo el tupé del protagonista. Esto combinado a la deshumanización del dibujo enfatiza el mensaje de que estos soldados pueden ser cualquiera. Ni son los reyes del mambo como dice Hollywood, ni canallas carismáticos en el frente. En Vals con Basir los soldados son personas inseguras en una guerra de la que no saben qué hacer salvo seguir órdenes. Son críos que disfrutan del viaje de servicio, mientras hacen cosas sin motivo.
Pone en perspectiva el papel de los soldados en una guerra, como un documental; pero sin darles rasgos TAN distintivos como el cine hace la mayoría de las veces.

Es lo opuesto a esa visión de la guerra tan hollywoodiense con el soldado llevando las armas y salvando el día. Hegemonía del ejército americano y supremacía de las armas. Este es un relato antibélico de críos con poco bello disfrutando de su viaje al extranjero. Aunque ese viaje sea por tierra hostil.

El arma como instrumento de poder

En el film destacaría dos escenas, la escena que da nombre a la película con un soldado bailando mientras dispara su fusil, y el ataque a unos tanques en una playa. Ambos casos destruyen el papel del arma como instrumento de poder. En el primer caso convirtiendo un fusil en una pareja de baile; la otra destruyendo un icono de seguridad, establecido a lo largo de dicha escena (antes del ataque). Elementos como estos, la desinformación de los soldados rasos, o el la imágenes filmadas al final (desagradable, aviso); contribuyen a la destrucción del soldado. El soldado no es el protagonista de un videojuego de acción, sino un instrumento de la guerra manipulado para matar. Las armas dejan de ser un instrumento de poder, por la incompetencia de unos adolescentes con poca experiencia de campo.
Desproveerles del instrumento protagonista de una guerra, pone el interés en lo importante; los testimonios. La recopilación de pequeñas historias que, no buscan justificar el conflicto, sino hablan del papel de los soldados en ella. Papeles sin mucho sentido, hasta recomponer este puzzle documental bélico.

Un Valiant hearts en cómic animado

Valiant hearts fue un juego desarrollado por Ubisoft que recreaba momentos puntuales de 4 personajes (5 en teoría) en la primera guerra mundial. Al igual que esta película, la documentación forma parte de la experiencia jugable (coleccionables); detallando la veracidad de los hechos presentados en la obra interactiva. A veces es necesario tomar el control de armas, pero serán las menos de las veces. No es un drama antibélico usando armas como Metal gear o Spec Ops the line.
Vals con Basir parte del mismo enfoque. Lleva el mensaje antibélico más allá con una difusa representación del conflicto, apoyado de imágenes surrealistas.Todo en la mente de soldados imberbes inseguros en la guerra del Líbano. Para cuando llega el final y los recuerdos forman una imagen clara, el impacto al espectador puede resultar demoledor por la crudeza del metraje introducido al final.

Afortunadamente desconozco los problemas de la guerra, así que no sé la acritud del tratamiento de la guerra. Lo que sí puedo decir es que si sois como yo y estáis hartos de películas antibélicas violentas, Vals con Basir puede ser una alternativa interesante para ver la guerra bajo otro prisma.