Nórdicos que te harán llorar

Si hay una cosa de la que estaba cansado a primeros de otoño, eran las noticias hablando de gente en la playa. TODOS los fines de semana estaba la noticia de turno con imágenes de domingueros. Que guay por esa gente, la playa es un buen lugar para relajarse. Los españoles somos muy de playita, chiringuito y no tener vergüenza enseñando nuestro rubenesco porte. Salvo si te dejas influenciar por los canones de belleza impuestos por una sociedad machista.

Que nadie me malinterprete, entiendo el atractivo del mar. Un lugar con arena y mar donde tumbarte a la bartola, con la marea llevándose tus preocupaciones.  El ruido de las olas rompiendo, la arena arropando tus pies, sentirse blesseado por el calorcito del sol… Todo muy relajante hasta que viene el viento, o niños jugando, o el típico vendedor de relojes y gafas de sol, o…. En fin, que soy más de montaña.
La única cosa relacionada con el mar que me gusta son los niveles acuáticos (lo que odia todo dios). Todos los buenos plataformas con niveles acuáticos (menos los Crash Bandicoot), siempre tienen una magnífica música. Transmite esa sensación de relajación.  Como estar en el limbo, sin nada más que una canción acompañándonos en los niveles más estresantes.

La canción del mar desde luego transmite esas mismas sensaciones. Una melodía relajante, que une tres mundos. El espiritual, nuestro mundo y aquél donde comenzó todo; el mar.

El mito de la canción y el abrigo

Erase una vez, en un distante faro irlandés….
Vivían un matrimonio feliz con su único hijo. La madre estaba embarazada y en cualquier momento podía dar a luz un nuevo niño. Una noche, la mujer empieza a sentirse mal, abandona la casa y no se sabe más de ella. Tan sólo dejando una niña tras de sí, abandonada a merced de las olas. El marido la recoge y cría como su propia hija. Los años pasan en el solitario faro para los dos hermanos. Un día, la niña encuentra un baúl con un abrigo que le permite transformarse en foca. Este abrigo, junto con una caracola herencia de su madre; serán los desencadenantes de su viaje. Uno acerca de su hermana, el abrigo, y la canción que su madre solía cantarle de pequeño. La canción del mar.

Como otras historias del estudio “Cartoon Saloon” como El secreto de Kells, estamos ante más un cuento/fábula animado que una película como tal. Toda la narrativa son una sucesión de eventos que trasladan al espectador por los creativos escenarios.

Como sugiere la cinta con cada acto racional de los personajes, es mejor no cuestionar nada. Este cuento nos pone en el punto de vista de los personajes que menos saben de todo, la pareja de hermanos Ben y Saoirse. Partiendo de ahí, la historia tira millas.
Las explicaciones en la trama son el punto flaco de esta producción. Algunas viniendo cuando al dramatismo le conviene, otras muchas ni llegan. Se explican leyendas de la mitología celta (minipunto por originalidad), que poco papel tienen en el misterio principal. La leyenda detrás de la madre e hija. Es un misterio que funciona al principio, aunque tardan demasiado en desvelar información. El primer acto establece la situación con la niña, el segundo son los hermanos pasando el tiempo hasta llevarse bien, pero el tercero ya se centra más en el conflicto. Se siente apresurado sin necesidad, porque pierden tiempo maravillando al espectador con el arte.

Psicodelia nórdica naif

El estudio de animación Cartoon Saloon tiene un estilo muy particular en sus obras. Su dibujo mezcla  la ilustración infantil de dibujos poco detallados, con montajes de transición con un rollo psicodélico, casi surrealista. Todo en esta película sigue una dirección artística muy marcada por las formas redondeadas, la superposición de elementos sin crear perspectiva, la simplicidad de los diseños de personaje y escenario, etc. Le da una atmósfera infantil, como de fábula; con campos al atardecer, pasajes subterráneos iluminados, o tormentas. Son pinturas que podrías ver en la consulta de un pediatra. Lo más similar que se me ocurre (por establecer un símil) es la serie “Over the garden”.

Humanos y selkie

El crío irlandés Ben y la muchacha Saoirse, son hermanos. Uno es un humano, la otra una selkie. Una criatura con forma humana que puede transformarse en foca gracias a su túnica. Su voz anima a las hadas, a los espíritus o a la misma naturaleza. Es un ser único. Pero la película no explica su importancia real. La existencia de Saoirse tiene implicaciones a gran escala para los espíritus (creo). Sólo provoca una aurora boreal. Puede que sea un ser único y especial que conecta a los espíritus con los humanos, pero no se siente así. En contraste, voy a hablar de uno que sí hace esto. Aang.

Avatar, la leyenda de Aang es de mis series favoritas. Su protagonista es importante porque tiene un papel de mediador. Se preocupa por los habitantes del mundo espiritual, que no interfieran con el mundo de los vivos. Dialoga siempre. Quiere evitar los conflictos entre mundos. Saoirse es muda, así que no puede hacer como mi monje favorito, pero eso no lo considero una pérdida necesariamente.
Es tímida, escucha a las personas en lugar de hablarles. Con esto hubieran podido crear escenas sin diálogo, relacionándose con los espíritus mejor que con humanos. En una escena, entabla amistad con unas focas nadando a la luz de la luna. Echo de menos momentos como ese, interacciones sin diálogo. Ahí es donde brilla más la película, con su atractivo visual y sonoro. Cuando acribillan la patata con tanta monería que acabas con diabetes. Hubiese sido una brillante manera de aprovechar una coprotagonista muda, algo muy inusual en el cine.

Ben es el contrapeso, no para de moverse o hablar. Un niño bastante creíble dadas las circunstancias que afronta. Es separado de su madre siendo muy pequeño, entrando su hermana en su lugar. El padre la mima porque sabe qué es, pero Ben no. Está desatendido. Es un buen chico, sólo es que culpa a su hermana de su infelicidad porque le quitó (bajo su punto de vista) a su madre. Más adelante en la historia, supera toda esa frustración porque ve como Saoirse le quiere. En recompensa por esa bondad, el pobre Ben hasta afronta su mayor miedo por salvarla. Un miedo muy asociado a su madre. Los que hayáis jugado a Psyconauts o Tale of two sons, sabréis por dónde van los tiros con este tema.

Un dolor emocional

Muchas películas a lo largo de este Anicember han tenido un tema clave, un villano o conflicto, y una resolución. No es el mismo caso con La canción del mar. Esta no es una historia de héroes y villanos. El mundo sigue prácticamente igual a efectos prácticos, los personajes no cambian mucho. Un peligro desencadena un viaje, pero el verdadero no es tanto físico, sino emocional.

El padre de Ben intenta beber para olvidar a su mujer fallecida, aunque nunca lo hace. Una supuesta bruja, sólo es una señora que encierra toda emoción (rabia, alegría, tristeza, etc.). Ben culpa a su hermana por la muerte de su madre. Incluso el peñasco frente al faro de los protagonistas, se dice que era un gigante sufriendo. Todos los personajes son víctimas de sus propias emociones. Al ignorar es dolor, toman malas decisiones en su vida. No saben cómo lidiar con sus emociones. Tener alguien con quién hablar de todo. Un amigo, pareja, familiar, psicólogo, terapeuta… Alguien con buenos consejos.

Una fábula marina

La canción del mar dudo que envejezca mal. Su historia es válida para adultos y niños, con diferentes lecturas para ambos. El apartado artístico, la banda sonora, así como la historia de fondo, son estupendas. Estas bondades exceden sus defectos argumentales. Se siente como un cuento para niños, donde la lógica entorpece más que otra cosa. Además, no es una historia trascendental, de la que sacar segundas lecturas o algo así. Los secundarios son gente jodida a la que los protagonistas ayudan de un modo u otro, obligando a que afronten eso que temen. Ni villanos, ni cuestiones metafísicas, ni trofeos, ni amorios, ni un peligro para el mundo.

La considero una perfecta película, que tiene mensaje para todos. Muy disfrutable, tierna hasta espachurrarte la patata, muy creativa y con un mundo interesante que explorar.